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Tuvo infinidad de nombres: algunos lo conocieron como “El Club Ciclista”,
porque en el tercer piso había un despacho de mensajeros, que a veces
colocaban sus vehículos a la entrada. Otros lo llamaban simplemente
“Donde Castrito” por su dueño, Juan Francisco Castro.
Pero varias generaciones de Las Ultimas Noticias enlazaron las historias
del diario y de este boliche memorable. Castrito venía de Melipilla,
trabajó en Santiago en un restaurante, con un hermano, hace medio
siglo. Cuando aprendió lo suficiente, se independizó como
concesionario en ese vetusto segundo piso de Morandé, al lado del
edificio que entonces ocupaba este diario. Tenía además clientela
cautiva de “El Mercurio”, “La Segunda”, “La
Nación”, Correos y la infindad de vendedores viajeros que allí
paraban. Tiempo de imprenta con tipos de plomo, que convertían en
usinas los talleres periodísticos. Los operarios de la fundición
debían beber leche, como antídoto para los vapores tóxicos
de la aleación. Pero preferían cambiarlo por vino, donde Castrito.Epoca
de turnos de toda la noche, con una parada antes o después en ese
caserón sin mayores decorados, donde se jugaba cacho y dominó,
el menú era bife a lo pobre o cazuela, con inevitables duraznos o
papayas de postre, y vino, en tinto o blanco. A Castrito lo llamaron
“El Cabeza de Tarro”: durante el régimen militar muchos
parroquianos se quedaban de toque a toque con él. Y para anunciar
que ya estaba funcionando, sacaba un tarro de basura a la puerta, que era
la señal que advertía a los iniciados. Hoy, el restaurante
se llama “La Chimenea”, en el pasaje Príncipe de Gales
(en Moneda, entre Amunátegui y San Martín). Celebrará
sus 50 años en diciembre, en manos de Jorge Castro, hijo de Castrito,
quien decidió descansar algo ahora que cumplió 81. Y aunque
todavía se pueden comer abundantes cazuelas y chorrillanas, el nuevo
restaurante tiene un segundo piso acogedor, con un colorido bar, y un tercer
piso nerudiano, hasta con su mascarón de proa. Son muy escasos los
restaurantes con cincuenta años y para eso hay que renovarse siempre.
Jorge Castro, y sus socios, ya están pensando en poner una buena
cafetera, y promocionar el consumo del café café en vez del
viejo café en polvo. Porque la gastronomía nunca deja de perfeccionarse.
Rodolfo Gambetti
(Las Ultimas Noticias)
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